1 dic. 2018

Solo escribimos mentiras


(mi profesor nos pidió que escribamos una ensayo)


Le mandé un mail contándole lo que sucedió esa tarde de agosto en la que algo se rompió. Fue la primera vez que sentí miedo de verdad. Esa misma noche me senté a escribir lo que había ocurrido, pero no pude. Pasaron muchas semanas e intentos fallidos hasta que finalmente pude detenerme y escribir lo que había sentido esa tarde. Empecé con la palabra todavía: todavía me quema eso, todavía sigo sin entenderlo del todo, todavía me sigue dando miedo, todavía sigo sin saber si lo que escribí, es lo correcto.

No, no era lo correcto. Todo lo que escribí era mentira.

El tono del texto era demasiado trágico, seco, como una cachetada, una especie de lista de quejas. Al releerlo, me di cuenta de que lo que había escrito no era lo que había sucedido. Solo era una versión de la historia, distorsionada por el tiempo y la distancia. En su cabeza había otra versión, enfocada desde el otro lado de la vereda. Sé que cuando leyó ese mail fue como si mirara una película, vio la seguidilla de acciones desde afuera, no estando cómodo con lo que leía. De seguro, se preguntó si yo estaría hablando de otra tarde. De seguro, no creyó que yo hubiera podido sentir todas esas cosas y haber guardado tantos detalles: el ruido de la calle, el color de las paredes, el vértigo de saber que quizás no volveríamos a reírnos. 

Desde que releí ese mail, desconfío de todo lo que escribo, desconfío de mis propias oraciones. Me doy cuenta de que en el momento en que paso al papel cualquier hecho, por mínimo que sea, lo cambio. Deja de ser mío y se convierte en propiedad de este narrador que elijo sin siquiera planteármelo.  En Joyland, Stephen King dice “en lo que concierne al pasado, todo el mundo escribe ficción”. Mientras más tiempo pasa, más nos alejamos de lo que realmente ocurrió, todo se convierte en un relato de segunda mano que compramos de oferta.

Escribimos lo que vimos, lo que sentimos, lo que nos pareció que vimos, lo que nos pareció que sentimos. Es imposible escribir en tiempo real. Mientras más tiempo pasa, más huecos se forman en nuestra historia. Como agujeros en una remera, los sucesos se gastan. Entonces, tenemos que coserlos, ponerles parches, pequeños detalles que le den un poco de brillo o suspenso, un par de botones para que los pantalones no se nos caigan. Pero la relectura delata nuestras mentiras que de pronto brillan como luces de neón.

El escritor español, Kirmen Uribe reflexiona “es curioso cómo trabaja la memoria, cómo recordamos a nuestra manera, convirtiendo en ficción lo que en otro tiempo fue realidad”. Quizás sea culpa de nuestra memoria que es selectiva y luego convierte todo en ficción. Frente a la hoja en blanco nos entra el pánico de no saber todo y hacemos lo que mejor nos sale a los que escribimos: mentir. Es una especie de mecanismo de defensa. No podemos admitir que no estamos seguros, siempre tenemos que saber qué es lo que va a venir luego. Si nosotros vivimos algo ¿cómo no vamos a saber todos los detalles?

Pero hay un detalle que se nos escapa: la memoria tiene sus propias reglas. Recuerda solo lo que quiere recordar, lo demás lo elimina o lo guarda en un cajón demasiado alto, inalcanzable para nosotros. Por eso cuando escribimos una anécdota o un suceso real, dejamos el yo, pero lo alejamos un poco de nosotros, como si quisiéramos dejar entrever que quizás eso le pasó a otra persona, un amigo de un amigo, que quizás nos lo contaron, que quizás solo lo vimos desde el colectivo y por eso el relato esta un poco movido. Esos relatos en primera persona pasan a ser una foto que tomó alguien con poco pulso. La imagen está ahí, pero los bordes se difuminan un poco.  

Lo que ocurrió esa tarde de agosto me ocurrió a mí, yo tomé esa foto movida, pero lo que escribí pasó a pertenecer a un universo distinto donde flotan las historias que contamos. Ese terreno borroso en donde no podes decidir cual es la parte real y cual, la inventada. Este texto también pertenece a ese terreno. Ahora que lo releo ya no sé cuánto es real y cuánto, ficción. 

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